miércoles, 21 de noviembre de 2007


La Puerta Es Bonita -- ¡Solo La Puerta!


"Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y
espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son
los que entran por ella" (Mateo 7:13).

En una noche inolvidable, un joven y un viejo, escoceses,
estando juntos en Paris, se vieron, de repente, delante de un local no muy recomendable.
La fragancia de las especias árabes parecía flotar en el aire y el sonido de música y danza herían a los oídos.
El resplandor y el deslumbramiento del reino de las hadas eran vistos en las puertas.
El joven preguntó: "¿Qué es esto?" Los labios del viejo escocés estaban entonando alabanzas al Dios de los Cielo, pero, al ver el interés despertado en el joven, Agarró firme sus muñecas y habló duramente de forma que éste jamás se olvidó:
"¡Esto es el infierno!" "¿Qué?" dijo el joven, "¿infierno,
con una entrada así? ¿Con todos los colores del arcoíris?
¿Con todas las flores, belleza y maravillosos paisajes y
atracciones? ¡Pensé que el infierno era feo!"
El infierno es un lugar de llanto y crujir de dientes, como nos describe las Sagradas Escrituras, pero ¿será su entrada igualmente fea? Si así fuese, no conseguiría atraer la atención de tantos en tantos lugares.
Cuando no estamos alicerçados en Dios y no nos dejamos dirigir por Su
Espíritu, somos presa fácil a las trampas del demonio cuyo propósito en este mundo es robar, matar y destruir.
La Palabra de Dios nos advierte de que la puerta que lleva a la perdición es ancha y espaciosa. Ella también ofrece colores y bellos paisajes, promete éxito y vida fácil, presenta luces y sueños, pero, en la realidad, lleva el incauto a muerte eterna.

Cuando Cristo es Señor de nuestras vidas y nuestro corazón
está firmado en él, somos protegidos por Sus ángeles y preservados de los engaños estampados en las bellas puertas del infierno.

Bellas apenas en la apariencia, pero fatales para toda la eternidad.

lunes, 19 de noviembre de 2007

COMO EL LAPIZ

El niñito miraba al abuelo escribir una carta.En un momento dado le pregunto:-Abuelo, estas escribiendo una historia que nos paso a los dos?Es, por casualidad, una historia sobre mi?

El abuelo dejo de escribir, sonrio y le dijo al nieto:

-Estoy escribiendo sobre ti, es cierto. Sin embargo, mas importante que las palabras, es el lapiz que estoy usando. Me gustaria que tu fueses como el cuando crezcas.

El niño miro el lapiz intrigado y, no vio nada especial en el y, pregunto:

- Que tiene de particular ese lapiz?

El abuelo le respondio:

- Todo depende del modo en que mires las cosas. Hay en el cinco cualidades que, si consigues mantenerlas, haran siempre de ti una persona en paz con el mundo.

Primera cualidad: Puedes hacer grandes cosas, pero no olvides nunca que, existe una mano que guia tus pasos. Esta mano la llamamos Dios y El siempre te conducira en direccion a su voluntad.

Segunda cualidad: De vez en cuando necesitas dejar lo que estas escribiendo y, usar el sacapuntas. Eso hace que el lapiz sufra un poco, pero al final, estara mas afilado.Por lo tanto, debes ser capaz de soportar algunos dolores, porque te haran mejor persona.

Tercera cualidad: El lapiz siempre permite que usemos una goma para borrar aquello que esta mal. Entiende que corregir algo que hemos hecho no es necesariamente algo malo, sino algo importante para mantenernos en el camino de la justicia.

Cuarta cualidad: Lo que realmente importa en el lapiz no es la madera ni su forma exterior, sino el grafito que hay dentro. Por lo tanto, cuida siempre de lo que sucede en tu interior.

Quinta cualidad Siempre deja una marca. De la misma manera, has de saber que todo lo que hagas en la vida, dejara trazos. Por eso intenta ser conciente de cada accion.

viernes, 16 de noviembre de 2007


ÉL NO HABÍA VENIDO
Hace algunos años se publicó una postal Navideña que llamó mucho la atención dicha postal se titulaba, "Si Cristo no hubiese venido." Tenía su fundamento en las palabras de nuestro Salvador, La postal representaba a un pastor que en la mañana de Navidad, se había quedado dormido en su despacho y soñaba en un mundo en que Jesús nunca había venido. En su sueño, creía que estaba en su casa y no podía ver las botas y calcetines que los niños colocan junto a la chimenea, ni campanillas de Navidad, ni Jesús para consolar, alegrar y salvar. Volvió a casa, se sentó en su biblioteca, pero todos los libros que hablaban del Maestro habían desaparecido. Sonó la campana de la puerta y un joven le dijo que fuese a visitar a su pobre madre que estaba muriéndose. Inmediatamente se fue con el hijo desconsolado para confortar a la madre, y al llegar a la casa se sentó a la cabecera de la cama y dijo, "Tengo algo que podrá consolarla." Abrió su Biblia para buscar una promesa muy conocida, pero su Biblia terminaba en Malaquías y no había ni Evangelio ni promesa de esperanza y salvación, así que lo único que pudo hacer fue inclinar la cabeza y llorar con ella con amargura y desesperación. Dos días después, se encontraba junto al ataúd de la mujer, conduciendo el entierro, pero no había mensaje de consuelo, ni palabras referentes a la gloriosa resurrección, ni un cielo abierto, sino una larga y eterna despedida. Finalmente se dio cuenta que "Él no había venido" y comenzó a llorar amargamente en su amargo sueño. De repente despertó, y dio un gran grito de gozo y alabanza cuando oyó cantar al coro de su iglesia que estaba junto a su casa: "Venid, fieles todos, alegres y triunfantes, Venid, venid y marchemos a Belén Y al Rey de los ángeles nacido veremos Venid, adoremos a Cristo el Señor." Alegrémonos y gocémonos hoy porque "Él ha venido." Y recordemos el mensaje del ángel, "He aquí os traigo nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo, que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor." (Lucas 2:10, 11.)